Opinión

El ataque entre ‘Los Alvarado’

El atacarnos unos a otros, probablemente, nos acompaña desde los albores de la humanidad. Es un signo de vida que nos persigue desde la infancia hasta nuestra muerte. El ataque es una forma más de crear chantaje, de acorralarnos y, si es posible, de fusilarnos.

Existen diversos escenarios en los que este puede usarse, los debates, por ejemplo, son una buena oportunidad de emplearlo. Una pregunta que surge en los equipos de los partidos políticos es, precisamente: ¿Debemos atacar al oponente? Dependiendo de cómo se haga y se reaccione, puede generar resultados dramáticos, como lo fue entre Rodolfo y Rodolfo.

Hoy, a solo pocos días que inicien los debates de segunda ronda, consideramos necesario prestar atención a la dinámica que se dio entre los ahora finalistas, para, de esta forma, apelar o no por una discusión más amplia.

Consideramos necesario repasar algunos momentos del debate de cierre de primera ronda, ya que ahí pretendieron posicionar sus puntos de vista, los cuales podrían tener eco hoy día. Nos preguntamos: ¿Es que el enfrentamiento fue visible? ¿O más bien sus posiciones generan discordia en otros? De ser así: ¿Dónde se pone la pólvora a arder?

La arena del debate

En la transmisión de Repretel, llamada El Debate Final, el enfrentamiento era de esperarse; sin embargo, el matiz que tomó entre Los Alvarado fue particular.

En uno de los segmentos, a todos se les preguntó si el PAC era cómplice o no en el caso del ‘cementazo’. Fabricio Alvarado inició con halagos, manifestando respeto y aprecio hacia Carlos. Luego, dijo que el PAC era cómplice, refiriéndose a las reuniones sostenidas en Casa Presidencial, secretismo y el voto negativo de algunos oficialistas en relación con el informe de la comisión investigadora. Les achacó que no cumplieron con la austeridad prometida, el pisotear los valores familiares de todos los costarricenses y que, en lugar de defender la ética, dejaron ‘el cementazo’ (min 30:59).

Un juego “silencioso”

En las respuestas, vimos un gesto cotidiano, para muchos insignificante, pero que, ante las cámaras, es simbólico. Le llamaremos el juego de los lapiceros, y abarca del minuto 30:58 al 33:06 En su mano derecha, Fabricio tenía un lapicero plástico de tapa de color azul. Nunca lo soltó. A veces hacía un movimiento ondulante sobre el papel para indicar que había cubierto algún punto. Con este en mano, gesticuló y, luego, lo sostuvo con ambas. Existen diferentes razones por las que podría hacer esto: tics, canalizar estrés o intentar reafirmar confianza en sí mismo. Difícilmente, lo llevó para comunicar estatus, sin descartar que lo hiciera para verse ‘ocupado’.

En un momento en el que vimos a los dos candidatos, Carlos también tenía su lapicero. Era blanco, tapa color negro. Tomó breves notas y, después, lo manipuló de manera similar a su adversario, creando una relación de espejos donde dejó la impresión de buscar conexión, influir, y de querer suavizar la interacción entre ambos. A este tipo de imitación se le conoce como el efecto Pigmalión, el cuál fue acuñado por el psicólogo social Robert Rosenthal basándose en el nombre del mito griego.

Más allá de un uso práctico, el candidato utilizó el objeto como una manera de buscar generar alguna emoción de empatía, casi que creando un sutil efecto mágico sobre el otro candidato. Carlos también usó poco su bolígrafo, evitando que este le restara importancia a su mensaje, poniendo, por un lado, en evidencia que el cuerpo siempre habla y, por otro, que el más mínimo detalle cuenta.

Siguen en la arena

A los aspirantes se les indagó si los atestados académicos y la experiencia laboral de Fabricio eran suficiente para gobernar. Carlos dijo que tuvo la oportunidad de compartir con Don Fabricio y de tratar temas de interés común cuando fue ministro. Afirmó que su rival carece de un equipo sólido, que en Restauración existe una debilidad programática y reiteró que, por los retos que tiene el país, se debe contar con un equipo de trabajo preparado (min 1:37:29).

En los candidatos, no hubo mayor señal de embestidas o riñas personales. Intentaron posicionar sus diferencias en diversos temas, pero, sobre todo, se atacó al gobierno o al partido del oponente. Por el tono de respuesta de Carlos, señaló debilidades en el equipo de su contendiente sin que sus emociones se antepusieran. En el caso de Fabricio, inició con halagos y remachó con pisoteadas, recordándonos lo que el cantautor Facundo Cabral una vez dijo: “El que fácilmente halaga, fácilmente atacará.”

Pólvora al aire

Fabricio aseveró que la actual administración “pisoteó los valores familiares de todos los costarricenses”. También, acuerpó esa frase con los dedos de su mano izquierda en puño, llevando el gesto hacia adelante, hacia el televidente. Al usar el verbo ‘pisotear’, creó una imagen de pasarle por encima a algo o a otras personas e, inevitablemente, dejó una sensación de que se ha causado un daño moral. Este tipo de expresiones podrían generar repudio entre la población, pues generan muchos sentimientos. La pólvora, en este caso, parece caer fuera del espacio de debate. Carlos, por su parte, hizo el esfuerzo por mostrarse conciliatorio y algo más equilibrado. En su caso, nos deja la impresión de saber aplicar aquel consejo de Aristófanes cuando decía: “los hombres sabios aprenden mucho de sus enemigos.”

En primera ronda, vimos cómo el pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hizo que la campaña girara y cerrara, principalmente, en torno a este tema, convirtiéndoles en los abanderados de los progresistas vs los conservadores. Esta dinámica, bien sabemos, degeneró en una cruzada monotemática, divisoria e, incluso, desgastante, cuyos efectos continúan.

Hoy por hoy, en espacios como las redes sociales, seguidores de ambos partidos se atacan, ofenden e insultan, evidenciando posturas de intransigencia. Hemos visto al lado más emocional y visceral dominando la interacción.

Gastar o no gastar pólvora

Aunque el enfrentamiento entre Los Alvarado no ha tomado tintes de humillaciones ni de acorralarse directamente, entre sus seguidores, no ha sucedido lo mismo. ¿Será que para esta segunda ronda veremos ataques más personales entre ellos? o ¿seguirán por la senda del aparente respeto y del aprecio mutuo? De llegar a debatir con base en sentimientos, sin argumentos sólidos ni ideas propositivas, caerían en el mismo juego de muchos de sus simpatizantes, reluciendo entonces el espíritu del reptil primitivo que habita en nosotros.

Asimismo, por el tono combativo que percibimos en redes, nos cuestionamos: ¿le conviene a Los Alvarado que los medios de comunicación, sus seguidores e, incluso, ellos mismos le den tanto énfasis al tema de Derechos Humanos? Lo que al final podría ser cierto, guste o no, es que la frase de Lírico resume, y por mucho, de lo que trata este juego: “El mismo que sonríe en la foto, no busca tu opinión, solo tu voto.”

 

Sobre los autores del artículo:

Marlon Segura, director escénico, analista y coach no verbal- Universidad de Costa Rica – Kansas, Ecole Jacques Lecoq, París.  Diego Fallas, politólogo- Universidad de Costa Rica, técnico en administración de empresas- Instituto Tecnológico de Costa Rica.

Edición: Margarita Chaves- Universidad de Costa Rica. Edgar Carillo Mans.

Sobre el autor

Marlon Segura y Diego Fallas

Marlon Segura y Diego Fallas

Dejá un comentario